Una vez tatemadas, las piñas se majan delicadamente para liberar sus dulces jugos. Estos, a su vez, dan inicio a un proceso de fermentación natural que se extiende entre 15 y 20 días, transformando los azúcares en el alma vibrante de nuestra raicilla.
Finalmente, el mosto fermentado pasa por una doble destilación en alambiques de cobre. La primera, conocida como "punta", y la segunda, el "ordinario", se unen luego para una destilación final que busca la perfección. En esta fase todo se va probando con un “sacual”, una especie de jícara ancestral que es testigo de este arte.
Así, después de un viaje de paciencia y maestría, Costa Costa reposa en su icónica botella de cerámica, lista para transportarte a la costa mexicana con cada sorbo.